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Quiroprácticos: pros y contras

Harriet Hall, translated by Alejandro Borgo

June 16, 2017

Artículo traducido por Alejandro Borgo, Director del CFI/Argentina.


En un reciente artículo del New York Times, el pediatra Aaron Carroll nos pide repensar nuestros prejuicios contra los quiroprácticos en lo que se refiere a tratar espaldas en mal estado. Señala que el dolor lumbar es un problema común que usualmente se resuelve con el paso del tiempo, y que las intervenciones que se centran en el alivio de síntomas y permiten que el cuerpo se cure son ideales. Él sostiene que la terapia de manipulación espinal (TME) es tan efectiva como las terapias médicas, y también seguras o más seguras que ellas.

Hay una notable desconexión entre la evidencia anecdótica y los estudios científicos controlados. Los quiroprácticos y los pacientes están convencidos de que la TME funciona porque la han visto actuar. Yo también las he visto actuar. Observé un paciente renguear con dolor al entrar a la sala de exámenes, apenas capaces de caminar y quejándose de dolores insoportables. Unos pocos minutos después, luego de una manipulación espinal realizada por un terapista médico, se podía parar bien, caminar normalmente, diciendo que su dolor había sido completamente aliviado. Sin embargo, cuando se hicieron estudios científicos controlados, encontraron muy poca evidencia de su efectividad. Un estudio halló que la TME no era más efectiva que darle a un paciente un panfleto sobre el cuidado de la espalda. Una revisión sistemática encontró que la TME no era mejor que intervenciones simuladas. La revisión sistemática más favorable encontró un mejoramiento del dolor, pero solo de 10 puntos sobre una escala de 100. ¿Qué es lo que pasa aquí?

Sospecho que la explicación es que a veces la TME puede proveer alivio instantáneo, pero ello no se mantiene en el tiempo. Cuando los estudios apuntan a un resultado final luego de un período de tiempo, no se ve ninguna diferencia. No todos los pacientes responden, y no tenemos forma de predecir quién se beneficiará. El quiroprático escéptico San Homola solía decir a sus pacientes que no sabía si la manipulación los ayudaría, sino que él intentaría hacerlo en 3 visitas; si no había mejoría al tercer tratamiento, él se detendría.

Pensando en ello, creo que la TME es una opción razonable para saber si los pacientes si quieren tratar con una terapia en la que intervengan las manos en lugar de tomar píldoras. Esto podría proporcionar un alivio temporario. Pero honestamente no podría derivar un paciente a un quiropráctico. Déjenme explicar por qué.

En primer lugar, cuando la quiropraxia es efectiva, lo que es efectivo no es “quiropráctico!: es SMT (Terapia de Estimulación Espinal, TEE). La TEE también la ofrecen los terapeutas físicos y otros profesionales. Éstos se basan en la evidencia científica; la quiropraxia es una disciplina basada en un mito, el mito de la “subluxación” quiropráctica, o los huesos desalineados (estas supuestas “subluxaciones” no son visibles utilizando rayos X). Si yo pensara que un paciente podría beneficiarse con una determinada manipulación, lo derivaría a un profesional que se base en el conocimiento científico.


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Si los pacientes son derivados a un quiropráctico para que le haga TEE porque tiene un dolor lumbar, existe la posibilidad de que asuma que todos los tratamientos quiroprácticos son efectivos, y volverán a consultar al quiropráctico para manipulaciones en el cuello, las cuales son usualmente ineficaces y conllevan un pequeño riesgo de apoplejía o muerte.

Mientras algunos quiroprácticos racionales como Sam Homola han tratado de limitar su práctica a tratamientos cortos sobre enfermedades musculoesqueléticas, un porcentaje sustancial de quiroprácticos afirman que la TME también funciona en el cólico del lactante, períodos dolorosos, asma, problemas gastrointestinales y más. Estos alegatos no están apoyados por ninguna evidencia científica confiable. Algunos quiroprácticos tratan de disuadir a los pacientes para que no se traten mediante la medicina convencional, incluso afirmando que están calificados para actuar como médicos de cabecera (en la familia). No lo son.

De acuerdo a sus propios estudios, menos de la mitad de los quiroprácticos apoyan la inmunización. Algunos incluso rechazan la teoría de los agentes biológicos patógemos de las enfermedades. Una vez, un quiropráctico me dijo que “los gérmenes no causan enfermedades; si lo hicieran, todos estaríamos muertos”. Él creía que los gérmenes no lo podían afectar mientras su espina dorsal estuviera alineada apropiadamente.

Entre un 37 a un 43 por ciento de los quiroprácticos estadounidenses informan haber usado kinesiología aplicada, procedimiento falso para examinar los músculos. Los quiroprácticos que no tienen buena formación científica son proclives a adoptar cualquier charlatanería que aparezca por ahí. Yo los llamo imanes charlatanescos. Por mencionar unos pocos de los muchísimos exámenes y tratamientos ofrecidos por algunos quiroprácticos, he aquí una lista: análisis de células vivas, tests de “deficiencia nutritiva” computarizados, iridiología, homeopatía, acupuntura, terapia de quelación, irrigación del colon, terapia craneosacral y la técnica de organización neural. Algunos quiroprácticos venden remedios homeopáticos y suplementos dietéticos. Otros ofrecen “ajustes de mantenimiento” inútiles y “ajustes preventivos”. Si usted elige un quiropráctico al azar, por la guía telefónica, hay grandes posibilidades de que dé con alguno que desaliente las inmunizaciones o lo lleve a alguna práctica proveniente de la charlatanería. Quackwatch y Chirobase ofrecen pistas para elegir a un quiropráctico. Básicamente, usted debería elegir aquel que:

Conclusión: si un quiropráctico ofrece TEE para tratamientos a corto plazo de dolores musculoesqueléticos, podría ser capaz de ayudarlo, pero un terapeuta físico podría ayudarlo más. Si un quiropráctico le ofrece “ajustar sus subluxaciones” o tratar problemas en cualquier parte del cuerpo, es mejor que lo evite.

¡Buena suerte si trata de encontrar alguno con estos criterios! Yo no he podido encontrar ninguno en mis cercanías.

Contrariamente a lo que dice Carroll, la manipulación de la espina dorsal no es completamente inofensiva. Puede que los pacientes no cuenten voluntariamente al quiropráctico que han padecido efectos adversos, pero estudios meticulosos han demostrado que al menos en un tercio de los pacientes hay efectos secundarios que incluyen dolor, cansancio o jaquecas. Estos efectos usualmente son leves y duran poco, pero en un estudio, el 14 por ciento de los pacientes dijeron que su habilidad para trabajar había sido dañada. Se informó sobre serias consecuencias tales como huesos quebrados, daños vasculares y en la espina dorsal y discos con rupturas, aunque es cierto que éstos se dan raramente y son más comunes con la manipulación del cuello que con la de la zona lumbar.

El Dr. Carroll quiere que los médicos consulten a los quiroprácticos porque “el acercamiento ideal es tratar los síntomas y dejar que el cuerpo se cure. Las terapias no invasivas parecen dar resultado”. Estoy de acuerdo, aunque no veo que esa sea una razón para ver o elegir a un quiropráctico en lugar de un terapeuta físico para la TEM. He aquí un pensamiento innovador: ¿Qué pasa si dejamos que el cuerpo se cure sin tratar los síntomas? No necesitamos tratar todos los síntomas. Los síntomas de un resfrío pueden desaparecer en una semana con o sin tratamiento, y cualquier tratamiento que posea efectos para aliviar los síntomas es probable que tenga efectos secundarios. ¿Qué sucedería si el médico le asegurara al paciente que no hay nada grave, que solo se trata de un dolor de cintura que no durará mucho, y que una opción fuera tolerarlo antes que tratarlo? No sabemos qué causa el dolor lumbar pero sabemos que desaparece sin tratamiento alguno, y que la triste verdad es que ninguno de los tratamientos disponibles va a ser mejor. ¿Qué pasaría si los médicos proveyeran un consuelo, simpatía, cuidado y apoyo moral, y dieran a los pacientes la opción y la opción de tolerar el dolor y mantenerse físicamente activos mientras puedan soportarlo esperando que desaparezca? Si los pacientes insistieran en que el médico “haga algo”, éste podría sugerir algunas simples medidas confortables para tratar, mientras deja claro que ello no va a alterar el curso de la enfermedad. El médico podría aconsejarlos sobre cómo tolerar los síntomas más que tratar vanamente de abolirlos. Ello sería un acercamiento seguro y natural sin efectos secundarios y con un costo mínimo.

El Dr. Carroll nos pide que repensemos nuestros sesgos contra los quiroprácticos. Yo no tengo ningún sesgo hacia la TEM, aunque admito que sí lo tengo contra los quiroprácticos; y tengo buenas razones para ello. La quiropraxia y la osteopatía son sistemas médicos precientíficos basados en la terapia manual; las escuelas de osteopatía se adaptaron, y hoy proveen una educación equivalente a las de las escuelas de medicina. Las escuelas de quiropraxia no se adaptaron, y es difícil justificar la persistencia de la quiropraxia en el mundo actual, donde los terapeutas físicos pueden ofrecer la TEM sin el sinsentido que conlleva la pseudociencia de la quiropraxia. Carroll tendría que tener lectores advertidos sobre las posibles consecuencias de caer en las manos de un quiropráctico que acepta toda clase de disparates y va a causar más daños que beneficios.

Considerando los pros y contras de los quiroprácticos, recordemos que algunos de ellos son pros que saben usar las TEM apropiadamente, mientras que otros son contras que han adoptado toda clase de prácticas falsas. Sería irresponsable que Carroll abogara en favor de los tratamientos quiroprácticos sin aclarar esto. De hecho, ninguno de los argumentos que expone para apoyar la quiropraxia es válido; solamente apoyan las TEM. El New York Times le ha hecho un daño a sus lectores al publicar su artículo.

Harriet Hall, translated by Alejandro Borgo

Harriet Hall es médica retirada de las Fuerzas Armadas de los EE.UU. y escribe sobre la medicina pseudocientífica, también llamada “medicina alternativa”. Es colaboradora de The Skeptical Inquirer y también del blog Science-Based Medicine.